Todo lo que se pone de moda, tiene un punto álgido, en el que se percibe como cool, y llega a un punto en el que por haber estado demasiado de moda, empieza a percibirse como manido, de poco valor e incluso “casposo”. Que se lo digan a las barbas o a los community managers. Que nos lo digan a los Coaches.

La necesaria burbuja del CoachingNos topamos últimamente con múltiples publicaciones y comentarios ácidos, críticos y/o jocosos en redes, en los que se denosta la figura del Coach, arguyendo que ahora todo el mundo lo es, que todo el mundo decide reinventarse como tal, y un etcétera que versiona esos mismos puntos. Y es cierto, ha crecido mucho el número de personas que hacen una formación en Coaching y, en menor medida, aunque también en número relevante, el de personas que además deciden intentar dedicarse a ello profesionalmente.

Desgraciadamente, como en toda moda, hay mucho oportunista que se sube al carro de turno para intentar lucrarse a costa de eso que esté en boga y que, en el caso de la formación, termina impartiendo contenidos raquíticos, nada profesionales y que alimentan el futuro mercado de profesionales pobremente formados y, por tanto, pobremente útiles para aportar en el campo a desarrollar. En el Coaching no ha pasado diferente. La burbuja hizo florecer toda esa oferta de formación milagrosa que te convierte en Coach en un minuto y medio y te da super poderes para cambiar el mundo en 7 días.

El Coaching de verdad, hace falta

Pero, frente a eso, también hay formación de verdad. Y que no solo forma nuevos Coaches, si no que transforma vidas. A las personas que hacen esos cursos, y a las personas que están alrededor de esas personas, y así por contagio exponencial. Formación que trasciende mucho más allá de los conocimientos teórico prácticos sobre una profesión, y que aporta a las personas una nueva forma de mirar, gestionar y construir la vida propia y aportar en la ajena. Siempre en perfecta alineación con lo que encuentran dentro de sí mismos cuando, al fin, se atreven a dar el paso de mirar hacia dentro, en profundidad.

Por tanto, para todos aquellos que ven tan alarmante el superávit de Coaches, queremos lanzar una reflexión. Si de todos esos nuevos Coaches, menos de la mitad se han formado en Coaching de verdad (que es algo que ni siquiera cabe en el término Coaching, de lo grande que es), han conseguido conectar con quien realmente son, con el que sienten que es su propósito y ahora tienen las herramientas, no solo para construir la vida que desean, si no para ayudar a otras personas a hacerlo, para cambiar desde dentro las empresas en las que trabajan, para educar desde ahí a las futuras generaciones… toda esta moda habrá merecido la pena. El mundo será un lugar un poquito mejor gracias a toda esa nueva conexión y plenitud, y a la forma en que esos nuevos Coaches conseguirán profundas y sostenibles transformaciones en personas, empresas y colectivos, por intervención directa o por mero ejemplo.

Cambiemos el nombre, pero no dejemos de hacerlo crecer

De veras, podrán sobrar oportunistas que solo busquen en esto lucro y ego, pero Coaches de verdad, no sobra ni uno. La necesidad de cambiar el paradigma en la forma de vivir y relacionarnos, en el ámbito personal y en el profesional, es inmensa. El mercado sería infinito si todas las personas, todas las empresas, todos los colectivos, decidieran que ha llegado la hora de vivir todo, y de forma innegociable, de la forma más plena, sana, consciente y alineada y respetuosa con los valores y dones de cada uno de los seres únicos que formamos este planeta.

A todos los que nos dedicamos a esto, de verdad, de corazón y con un propósito honesto detrás: cambiémosle el nombre al Coaching, si hace falta. Pero no dejemos de hacer crecer todo eso, tan bello y necesario, que está contenido en esta manida palabra.

Ojalá algún día haya tantas personas viviendo vidas plenas y alineadas con quien realmente son, tantas empresas que conjuguen sus mejores resultados con la felicidad de sus empleados, que lo de ser Coach no solo suene demodé, si no que haya dejado de tener cualquier sentido. Hasta entonces, nosotros seguiremos formando personas que quieran Vivir vidas plenas y contagiar esa plenitud.

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