Ojalá la primera escuela en la que nos matriculásemos fuese la Escuela Transpersonal de Coaching. No quiero aprender los ríos, el cuerpo humano, las raíces cuadradas ni la literatura… quiero impregnarme de lo que aquí enseñáis, que no es más que un curso de agricultura intensiva para que la bellota siga creciendo de manera natural y se convierta en la gran encina que todos somos. Gracias, un millón de gracias.

Lucía (2016)